Los pigmentos del camaleón
El color del camaleón no necesariamente reproduce el entorno que lo rodea. En muchas ocasiones responde a su estado fisiológico y emocional. Puede transformarse después de una confrontación, al sentirse amenazado, durante el contacto con otro individuo o frente a una posible pareja. Cuando sus tonalidades coinciden con el paisaje, esa semejanza no siempre es el objetivo principal del cambio.
En las capas superiores de la piel existen células con diminutos cristales de guanina capaces de reflejar la luz. Al modificar la distancia y el orden entre estos cristales, el camaleón cambia las longitudes de onda que regresan hacia nuestros ojos y, con ello, el color que percibimos. Otras capas contienen pigmentos amarillos, rojos y oscuros que completan la transformación.
Todo ocurre en cuestión de segundos mediante señales nerviosas y hormonales. Lo que parece un acto de magia es, en realidad, el resultado de un sistema biológico extraordinariamente preciso, donde estructura, luz y comportamiento trabajan al mismo tiempo.
Su esperanza de vida varía según la especie y las condiciones en las que habita. En términos generales, puede extenderse aproximadamente entre tres y diez años, aunque existen diferencias importantes entre la vida silvestre y el cautiverio.
El camaleón demuestra que incluso los fenómenos más familiares de la naturaleza esconden mecanismos de enorme complejidad. Bajo cada cambio de tonalidad existe una combinación de física, biología y comunicación que transforma su piel en una superficie viva.
Una vez más, la naturaleza confirma que sus secretos pueden parecer mágicos, incluso cuando la ciencia comienza a revelarlos.